Ni Portales ni Patrón de fundo

Estudio desde hace más de 15 años los cambios estructurales en la sociedad chilena y sus efectos para los individuos y la convivencia y lazo social. Y ello me dice que lo que hoy enfrentamos es un estallido alimentado por procesos y corrientes múltiples y complejas en curso en la sociedad chilena que son de larga data. Me importa en el contexto actual, sin embargo, centrarme en un aspecto de los resultados de mis investigaciones, que creo que es esencial: la cuestión del ejercicio de la autoridad.

Un estudio que realizamos y fue publicado en el 2016, reveló que el autoritarismo era la forma más extendida del ejercicio de la autoridad en la sociedad. Se trata de una forma de ejercicio que hace uso privilegiado de la fuerza y exige una obediencia maquinal. Pero esa forma de ejercicio presente históricamente en Chile es hoy profundamente rechazada. Mostró que el autoritarismo se fundamentaba en un muy atávico miedo a los subordinados. También, que en este contexto la obediencia es pensada como una humillación, y que las personas albergaban una enorme rabia frente a este tipo de ejercicio de la autoridad. Ello, aunque, de otro lado, no encontraran formas alternativas de ejercicio de autoridad y siguiera siendo el autoritarismo la forma más extendida a lo largo de toda la sociedad porque creían que era la más eficaz de ejercer la autoridad.

Reveló, así, que la autoridad, su ejercicio,  es un problema especialmente álgido en el caso de la sociedad chilena.

Los estudios actuales en el Centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder revelan que las dificultades en el ejercicio de la autoridad, crecientemente abren a espirales de violencia y escaladas que afectan relaciones personales y el funcionamiento institucional. Se requiere con seriedad considerar que se han transformado las condiciones del ejercicio de la autoridad en Chile.

Los viejos modelos hacendales y portalianos que se han usado históricamente para el ejercicio de la autoridad tienen que ser profundamente revisados. Nuestro trabajo revela que el ejercicio de la  autoridad no es posible en un momento como el actual sosteniéndose en el puro despliegue de fuerza y violencia, como en el modelo Portales. Que tampoco basta el reparto de favores y privilegios para sostener la propia autoridad, como en el modelo de la hacienda.

Los individuos hoy, por los cambios societales que han acontecido en las últimas décadas, tienen otras expectativas, se encuentran más fortalecidos y tienen menos miedo. No se puede renunciar al ejercicio de la autoridad, es cierto. No se puede delegar la autoridad. Es indispensable ejercerla para permitir la vida social y proteger a los más débiles.

Pero ejercer la autoridad no puede ser desplegar un ejercicio autoritario de la autoridad. La forma de su ejercicio tiene que ser otra. Es indispensable dar seguridad pero esa protección no tiene que venir en forma de pura fuerza o violencia. Es indispensable evitar la escalada.

La autoridad hoy requiere mostrar el respeto por el otro, respetar la integridad de las personas y su autonomía, aceptar que se pueden cometer errores,  y mostrar consistencia en los actos. Debe apelar a los compromisos mutuos construidos de manera conjunta y no a la imposición. No puede reaccionar desde el miedo. De manera especialmente importante, la autoridad hoy ya no se puede sostener solo de sí misma, ni menos en la violencia, se tiene que sostener en la mayor cantidad de apoyos posibles. En una red de sostén de la autoridad.

Desde esta perspectiva, el autoritarismo como forma de ejercicio de la autoridad no aplaca las llamas, las enciende. Para preservar el lugar de la autoridad, debe poner en el centro el diálogo, la escucha y el soporte de muchos.  

En este sentido, es evidente que para sostener y preservar autoridad hoy en Chile se requiere un gran acuerdo nacional, que va más allá de la conversación entre partidos políticos.

Pero, también, considerar que lo que se quiere  resolver no es una situación que es puntual sino un estallido que hace visibles corrientes presentes en la sociedad desde hace mucho tiempo y que las ciencias sociales aportaron a detectar hace ya casi dos décadas. Que de lo que se trata es de poner nuevas bases a la convivencia, y eso supone también transformar los principios que regulan las relaciones entre los miembros de la sociedad y los acuerdos que rigen la vida en común. De entender que esto es una tarea de largo plazo y no solo de medidas puntuales y balsámicas. Las ciencias sociales están comprometidas en hacer su parte. La elite política y empresarial debe hacer la suya.

Kathya Araujo

Directora Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder

Centro Núcleo Milenio Autoridad y Asimetrías de Poder

Académica, IDEA- USACH